Tomando sake
| Laocoont | 11 Octubre 2009 | 399 Lecturas | 3 |

La parada del pescado ya está preparada, hoy es día de mercadeo en el pueblo y todo se desarrolla con el ritmo normal de un buen día de ventas. El dinero conseguido debe sufragar los gastos de la pesca y me ayudará a poder tener que estar una temporada sin tener que ir al río. Además, hoy también es el día de la celebración de la entrada de la primavera y los jardines, llenos de rosados cerezos, esperan con impaciencia la visita de las parejas que embriagados de lujuria y pasión deciden dar rienda suelta a su amor. Los niños corretean por las calles, alzando en las manos un molinillo de viento comprado por sus padres, y esperan con ansiedad los anunciados fuegos artificiales, toda una tradición por estas fechas.
Mientras en la parada, todo sigue su curso normal, solo me quedan 2 piezas por vender, hoy a sido un buen día. Además no me preocupa la venta pues mi alimentación se basa sustancialmente en los excedentes de la venta. Me dispongo a cerrar el puesto, cuando de repente una mano me toca la espalda y me pregunta:
- ¿A cuánto está esa trucha de río? – Pregunta una voz aguda pero firme.
Me giro y delante de mi está un hombre de estatura media, con un sombrero de paja que le tapaba el rostro. Parecía fuerte y robusto, pero ligero, sumamente ligero. Sería un guerrero, últimamente escasean mucho por éste pueblo y más desde que abrieron el camino de vías alternativas hacía la gran ciudad.
- No, sólo 4 ryô de oro. ¡Señor! – Dije, sonriendo, e intentando contactar con sus ojos. Cosa que me fue difícil o casi imposible.
El hombre cogió el pescado que envuelto en dos hojas, detalle de la casa, y decidió emprender su camino, me quedé con las ganas de poder saber cual era su cara, pero en fin, la antropología no se me daba bien y yo aún tenía que hacer una parada antes de llegar a casa y cocinar el salmón excedente.
Cada día después de trabajar me voy a un puesto de Sake, también conocido como antro de reposo y bebo 2 o 3 vasos. Decidido pues, entro en el bar saludo al dueño, conocido de la infancia y busco lugar para sentarme, pasados unos 20 minutos, me encuentro en paz conmigo mismo, rió de las historias que explica un borracho de la barra y pienso que ésta noche puede ser importante, y es que a mi edad ya va siendo hora que siente cabeza y encuentre una mujer que sepa cuidar de mí.
De repente se abre la puerta, giró mi mirada, más por el ruido que por la curiosidad y entonces lo veo, veo a aquel hombre que compró mi última trucha, “Todo el mundo necesita un descanso” pensé por mis adentros. El tipo seguía con el gorro de paja, no se lo iba a quitar, ¿Qué escondía debajo? Quizás ese misterio no lo resolvería aquella noche. El dueño se le acerca amablemente y le ofrece sake, pero éste lo rechaza y a cambio pide que le sirvan un té blanco.
Un té blanco, extraño personaje pensé, pero cada cuál se relaja con lo que quiere, aunque a mí el té blanco me obliga a hacer visitas instantáneas a la comuna y vaciar via anal todo el excedente de comida de mis intestinos. En fin, sigo a lo mío, y cuando ya estoy absorto en mis pensamientos, vuelvo a escuchar ruidos en la puerta.
Esta vez entran dos guardas imperiales galardonados con sus trajes y armaduras. Se disponen a hablar con el dueño, de repente se giran hacía la poca gente que estamos allí y preguntan si hemos visto un hombre con coleta, espada de samurai y una armadura roja. Uno de ellos lleva un dibujo en un trozo de papel y empieza a mostrárselo a cada uno de los allí presentes, mi corazón se acelera, mi pulso se descontrola y empieza a caer sudor de la frente, mi visión empieza a escrudiñar a aquellos guardias, parecen rudos, intento no mostrar nerviosismo, pero me es imposible, el guardia está llegando a mi mesa y cuando la alcanza me pregunta:
- Señor ¿ha visto a éste hombre? – Extiende su mano y muestra el dibujo. Se puede observar claramente como está hecho a mano, y que quizás es impreciso, pero esta bien detallado.

- ¡Su nombre es Samanosuke! Y el emperador Nobunaga ha puesto precio a su cabeza, – Me dice el guardia insistiendo.
Me calmo, lo cojo y de repente me doy cuenta que es él. El hombre de la trucha de río, giro mi mirada hacía la barra, pero…¡se ha esfumado! ¡Ya no está! ¡Ha desaparecido!
Le explico a los guardias que quizás había un hombre tomándose un té blanco que se parecía a él pero que me era imposible reconocerlo pues siempre llevaba un sombrero de paja. Aquella noche no pude sacarme la idea de la cabeza, había tenido un auténtico samurai enfrente…y perseguido por el imperio…en fin, nada que extrañar en el año 1560.
CATEGORIA: Relatos
ETIQUETAS: Capcom, Onimusha, videojuegos
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¡Maldición! Ahora me has dado ganas de volver a jugar a La Leyenda de los Cinco Anillos. =(
Samanosuke…. uff… ahí es nada!
Genma Onimusha sigue siendo uno de mis juegos-fetiche…
Que pena que capcom no anuncie una nueva entrega