Polybius: Case Zero

Laocoont | 26 Febrero 2010 | 392 Lecturas 1

polybius Polybius: Case Zero

Me persiguen quizás son paranoias mías, llevo con esta maldita sensación toda la tarde. Me angustia pensar que en cualquier momento irán a por mí y en cuanto me despisto acelero el paso o cambio de acera. El pulso se me acelera y no puedo pensar en otra cosa que seguir corriendo o llegar a mi casa. Mi casa, ¿Por qué no me habré quedado yo allí? ¿Por qué decidí hacer caso a mis amigos e ir al centro comercial?

El día ha sido corto, o eso creo, de hecho tengo la sensación de estar caminando desde hace horas y casi no recuerdo nada de lo sucedido esta mañana. El último recuerdo es el de mi mejor amigo esperándome con la bicicleta para ir a los salones recreativos. No me acuerdo de nada más, ni tan siquiera dónde deje la bici. Y tengo la sensación que llevo toda la tarde huyendo espantado de mi propia sombra.

Esto me recuerda a una pequeña historia que mi maestro ha ido contando estos días, muchos nos reíamos de aquel hombre ya mayor. Que considera la nueva generación un desperdicio por estar siempre pegados a las pantallas de un ordenador. Sí, lo reconozco soy un privilegiado y en mi casa tengo uno de esos aparatos considerados de auténtico lujo. Y todo, gracias a que mi padre es trabajador de una empresa de maquetación y él se encarga de hacer un programa para introducir todo lo que sale de la empresa.

Mi maestro cuenta que los niños de todo el mundo han comenzado a descender las notas de sus estudios debido a que están pasando demasiadas horas metidos en los salones recreativos. Él insiste en el hecho de que esos atractivos cajones disipan el conocimiento y atontan a los que gastan sus preciosas monedas en él.

No me lo creo, aunque no deja de ser curioso que no sea capaz de recordar el camino a casa o que he hecho toda la mañana y sí tenga una claridad pasmosa por eventos vividos en un pasado más lejano. Es como si la memoria tuviera diferentes departamentos y a mí se me hubiera atrofiado sólo el departamento de envíos cercanos.

Me encanta ir a los recreativos, ese es un pensamiento que me distrae siempre para ir a casa, disfrutar con esas preciosas máquinas que están llenas de nuevas experiencias. Pero últimamente, no sé qué pasa pero en cuanto acabo de jugar no recuerdo nada, me quedo en blanco y sólo siento una aprensión en el pecho y no puedo despojar de mi ser esta obsesión por huir de unos desconocidos que ni tan siquiera sé si existen.

Mira hacia atrás y me parece haber visto a unos hombres vestidos de traje, cómo mi padre cuando vuelve del trabajo, pero en su tez no hay amabilidad, no hay ternura y sólo veo seriedad. Creo que son los mismos hombres que llevan todo el rato tras de mí y aunque corra con todas mis fuerzas siempre parecen encontrarme.

Me siento mareado, todo me da vueltas y empiezo a caer en la cuenta que no he comido desde que he salid esta mañana de casa. Empiezo a desfallecer y las fuerzas me abandonan, siento como las piernas deciden ir por otro lugar a los que yo les indico. Miro hacia atrás por enésima vez y ahora veo dos sombras oscuras borrosas.

Tropiezo y caigo al suelo, ya no puedo más y siento como un profundo sueño emerge desde de mi psique. Entonces como impulsado por algún mecanismo salgo despedido hacia las alturas y me deja reposando en lo alto de algo. Veo el suelo desde lo alto y entonces no entiendo cómo he llegado a aquel lugar. Oigo voces y creo que la locura ha ido en aumento, a lo que de repente caigo en la cuenta que estoy a hombros de uno de esos oscuros hombres que me perseguían.

- ¡Qué chaval! ¿Tenías hambre, eh? Me pregunta uno de los dos mientras yo devoro con ahínco una hamburguesa con patatas.

- ¿Quiénes sois? Intento preguntar mientras engullo y sorbo a la vez ayudado por un refresco de cola.

Una de ellos se gira para buscar una maleta, a lo que yo con cara de incrédulo miro y le pego otro bocado a la exquisita hamburguesa, de ella saca unos papeles y un bolígrafo. Acto seguido, pregunta:

- ¿Contestarías a unas preguntas?

- Yo asumo sin pensarlo, quizás llevado por el síndrome de Estocolmo momentáneo, como hipnotizado por el suculento trozo de carne que se deshacía en mi boca

- Pues bien, ¿desde que has empezado a jugar a la máquina de Polybius te has sentido mareado? ¿Has tenido pérdidas de memoria? ¿Ves que tu rendimiento escolar ha bajado?

Irremediablemente no puedo evitar parar de pensar en aquel vejestorio que tengo como maestro, quizás fue él el que envió a aquellos hombres. Lo cierto es que gracias a ellos pude recuperar mi bicicleta y me acercaron a casa. Y hoy en día cuando leo que el Arcade Polybius afectaba a la memoria de corto plazo, no puedo dejar de babear pensando en aquella suculenta hamburguesa.

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1 Comentario en “Polybius: Case Zero”


#1
GredXIINo Gravatar
dijo:

Que gran relato ;)

PD: ¡Maldito Polybius!


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